En él están la resurrección y la vida · Grupos pequeños

Quién es Jesús, Lección 8. Leer Juan 11. Ante la enfermedad y el temor a la muerte: “Dios, ¿por qué no interveniste para sanar?”

Pasaje principal: Juan 11

Jesús no respondió a cada “por qué”. Lloró con quienes lloraban y declaró: “Yo soy la resurrección y la vida”. La enfermedad y la muerte son reales, y las lágrimas también; pero la muerte no tiene la última palabra: Cristo resucitado es “primicias de los que durmieron”.

Introducción

En los pasillos de un hospital es frecuente oír esta oración: “Señor, te pedimos sanidad”. Algunas oraciones reciben la respuesta que esperábamos y otras no: un ser querido muere o la enfermedad continúa. Entonces surge una pregunta que apenas nos atrevemos a decir en voz alta: “Dios, si puedes hacerlo, ¿por qué no intervienes?”. Debajo de esta pregunta está algo de lo que nadie puede escapar: la muerte.

En Juan 11 encontramos una familia de Betania: Marta, María y su hermano Lázaro. Cuando Lázaro enfermó, las hermanas mandaron decir a Jesús: “Señor, he aquí, el que amas está enfermo” (Juan 11:3). Juan señala expresamente: “Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro” (Juan 11:5). Pero la frase siguiente dice: “Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba” (Juan 11:6).

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días en la tumba (Juan 11:17). Marta salió a su encuentro y sus primeras palabras fueron: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto” (Juan 11:21). Más tarde María fue hasta Jesús, cayó a sus pies y dijo lo mismo (Juan 11:32). Alguien que estaba allí preguntó: “¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera?” (Juan 11:37). Esa es precisamente la pregunta que llevamos dentro.

Jesús no comenzó explicando por qué había tardado. Dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26). Cuando vio llorar a María y también a quienes habían venido con ella, “se conmovió en espíritu, y turbóse” (Juan 11:33). Después, “Y lloró Jesús” (Juan 11:35). Ya había dicho que iría a despertar a Lázaro (Juan 11:11), pero aun así lloró con ellas.

Al llegar a la tumba, mandó apartar la piedra que cerraba la entrada y gritó con fuerza: “Lázaro, ven fuera” (Juan 11:43). El hombre que llevaba cuatro días muerto salió con las manos y los pies envueltos en lienzos.

Esta señal también tuvo un costo. Los principales sacerdotes y los fariseos reunieron al concilio y, desde aquel día, comenzaron a planear la muerte de Jesús (Juan 11:53). El sumo sacerdote dijo: “nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda” (Juan 11:50). Juan explicó a continuación que no lo dijo por sí mismo, sino que profetizó que Jesús moriría por la nación (Juan 11:51). Aquel que llamó a Lázaro para que saliera de la tumba iba a entrar él mismo en una tumba.

Lázaro moriría más adelante. Su salida de la tumba fue como un anticipo; la respuesta verdadera aparece después: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20). “Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte” (1 Corintios 15:26).

Por eso, cuando una enfermedad no sana o muere un ser querido, todavía podemos preguntar “por qué”. Marta y María también llevaron ante el Señor su “si hubieras estado aquí...”. Jesús no las reprendió ni les dio una larga explicación; lloró con ellas y después señaló hacia sí mismo: “Yo soy la resurrección y la vida”. No sabemos por qué Dios permite cada sufrimiento ni por qué algunas veces no sana como le pedimos, pero sabemos que la muerte no tiene la última palabra. Pablo dice que podemos entristecernos, pero no “como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13).

Notas de estudio

1. “amaba” y “quedóse aún dos días” aparecen una expresión junto a la otra. Juan escribe primero: “Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro” (11:5), e inmediatamente después dice que se quedó todavía dos días (11:6). Una demora no equivale a falta de amor.

2. En esta ocasión el pasaje explica el propósito, pero no explica todo lo que nos sucede. En el caso de Lázaro, Jesús declaró el propósito que Dios cumpliría: la enfermedad era “por gloria de Dios”, y explicó que no haber estado allí era “por vosotros... para que creáis” (11:4, 15). El pasaje ofrece esta explicación para aquel caso concreto; no podemos usarla para explicar cada enfermedad y cada muerte.

3. “Se conmovió en espíritu”. Los verbos de 11:33 y 38 expresan una emoción intensa, incluso indignación. Muchos lectores entienden que, frente a la tumba, Jesús se indignó ante el poder de la muerte, además de entristecerse. El pasaje no explica con precisión por qué reaccionó así, pero podemos afirmar algo: no trató la muerte como si fuera poca cosa.

4. “Yo soy la resurrección y la vida”. La traducción literal del original es precisamente “Yo soy la resurrección y la vida”, una de las declaraciones de Jesús que comienzan con “Yo soy” en el Evangelio de Juan. Marta hablaba de la resurrección “en el día postrero” (11:24); Jesús le dijo que esa resurrección estaba ahora ante ella, en su propia persona.

5. La salida de Lázaro y la resurrección de Cristo no son iguales. Lázaro regresó a un cuerpo mortal y moriría de nuevo. Cristo resucitó para no volver a morir y por eso es “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Después vendrá toda la cosecha: la resurrección futura de quienes le pertenecen (1 Corintios 15:23).

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Un recordatorio antes de empezar (quien dirige lo lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Hay una excepción: si hay daño que está ocurriendo, riesgo para un menor o una persona vulnerable, o peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otros, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Normalmente procurará hablar primero con la persona implicada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato, no se espera a obtener su consentimiento; según la situación, se contacta a un pastor, profesionales cualificados, la seguridad pública o policía local, los servicios de emergencia o los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, se pide ayuda en el momento y no se deja sola a la persona.

Para comenzar: Cuando alguien de tu familia enferma, ¿qué sueles hacer con más frecuencia? (Preparar sopa, acompañarlo durante la noche, ir y venir del hospital, buscar información... Quien viene por primera vez también puede responder.)

Orientación para quien dirige: Basta con una o dos frases. Esta pregunta conduce de manera natural desde el cuidado de una persona enferma hasta el tema de hoy. Si alguien menciona la muerte de un ser querido, agradécele que lo comparta y no le pidas más detalles.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no se prepararon)

Esta lección estudia Juan 11. Lázaro enfermó, y sus hermanas Marta y María mandaron decir a Jesús: “el que amas está enfermo”. Jesús los amaba, pero se quedó dos días más donde estaba. Cuando llegó, Lázaro llevaba cuatro días muerto. Marta dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto”. Jesús respondió: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees esto?”. Cuando vio llorar a María y a la gente, se conmovió en espíritu, y también él lloró. En la tumba mandó apartar la piedra y gritó: “Lázaro, ven fuera”. Lázaro salió. Desde aquel día, el concilio comenzó a planear la muerte de Jesús. El pasaje de comparación es 1 Corintios 15: Cristo ha resucitado de los muertos como primicia de la cosecha futura; el último enemigo que será destruido es la muerte. Hoy conversaremos sobre lo que este pasaje nos dice cuando se acercan la enfermedad y la muerte y preguntamos: “Dios, ¿por qué no intervienes?”.

Observación

1. Lee 11:1-16. ¿Cómo comunicaron las hermanas la noticia a Jesús? Después de oírla, ¿qué dijo y qué hizo?

Orientación para quien dirige: Dijeron: “el que amas está enfermo”. Jesús afirmó que la enfermedad no era para muerte, sino para la gloria de Dios. Los amaba y, aun así, se quedó dos días más. Después dijo que Lázaro dormía y que iba a despertarlo.

2. Lee 11:17-37. Cuando Marta y María vieron a Jesús, ¿qué dijo e hizo cada una? ¿Cómo respondió Jesús a cada una?

Orientación para quien dirige: Marta salió a su encuentro y dijo: “si hubieses estado aquí”; Jesús conversó con ella acerca de la resurrección. María cayó llorando a sus pies y dijo lo mismo; Jesús se conmovió en espíritu y lloró. Ante la misma frase, Jesús respondió a las dos hermanas de maneras diferentes.

3. Lee 11:38-53. ¿Qué sucedió después de que Lázaro saliera de la tumba?

Orientación para quien dirige: Muchas personas creyeron en Jesús; otras fueron a contárselo a los fariseos. El concilio decidió matarlo, y el sumo sacerdote dijo que un hombre moriría por el pueblo. Quien hizo salir a otro de la tumba iba a entrar él mismo en una tumba.

Interpretación

4. “Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?”. ¿Por qué dijo Jesús estas palabras a Marta en ese momento? ¿Qué significan para quien enfrenta la muerte?

Orientación para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle bastante tiempo. Marta creía en la resurrección del día postrero; Jesús dijo que la resurrección estaba delante de ella y era él mismo. Quien cree en él vivirá aunque muera. Puedes preguntar: ¿elimina esta verdad la tristeza? No; Jesús mismo lloró, pero esta verdad da esperanza a nuestra tristeza.

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Jesús ya había dicho que iría a despertar a Lázaro. ¿Por qué lloró de todos modos? ¿Qué te muestra esto acerca de él?

Orientación para quien dirige: No llegó con frialdad simplemente para hacer un milagro. Vio llorar a las personas y también él lloró. “Se conmovió en espíritu” expresa una agitación intensa. Muchos lectores lo entienden como indignación frente al poder de la muerte; otros lo relacionan con la incredulidad de quienes lo rodeaban. El pasaje no lo explica de manera explícita, así que no establezcan una sola interpretación como definitiva. Tampoco presenten el llanto de Jesús como una simple demostración para enseñar a otros.

6. Lee 1 Corintios 15:20-26. Lázaro moriría de nuevo. ¿En qué se diferencia la resurrección de Cristo de la de Lázaro? ¿Qué esperanza nos da que “el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte”?

Orientación para quien dirige: Cristo resucitó para no volver a morir y es la primicia de la cosecha futura. Después vendrá la resurrección de quienes le pertenecen. La muerte es un enemigo y finalmente será destruida.

Aplicación

7. ¿Has vivido alguna vez un momento de “Señor, si hubieras estado aquí...”? No hace falta contar detalles. ¿Qué necesitabas más en aquel momento?

Orientación para quien dirige: Se puede responder simplemente “sí” o expresar en una o dos frases cómo se siente la persona. No te apresures a dar una explicación; agradece a quien lo comparta. Si alguien está viviendo un duelo, habla con la persona en privado después de la reunión.

8. Cuando acompañamos a alguien que vive una enfermedad o un duelo, ¿qué podemos aprender de Jesús? ¿Qué expresiones sería mejor no decir?

Orientación para quien dirige: Podemos ir, permanecer a su lado, llorar con la persona y recordar a su ser querido. Es mejor no decir: “Dios tiene un plan mejor”, “Deja de llorar” o “¿Será que no tienes suficiente fe?”.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a una persona del grupo que lea despacio Juan 11:25-26 y 11:35. Después guarden juntos un minuto de silencio. Quienes lo deseen pueden orar en una o dos frases: por una persona enferma, por quien acaba de perder a un ser querido, o presentando sinceramente ante el Señor el “por qué” que llevan dentro. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. La persona que viene por primera vez puede escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni declarar una postura. Al final, quien dirige cierra dando gracias e intercediendo por las personas del grupo. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat. Para el seguimiento ordinario, se obtiene primero el consentimiento de la persona y después se anota en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en riesgo un menor o alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otros, no se espera el consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, la seguridad pública o policía, o a las instituciones de protección adecuadas.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor Jesús, Tú lloraste ante la tumba de Lázaro. Nosotros también llevamos muchas lágrimas: algunas enfermedades no han sanado y algunos seres queridos ya no están. Muchas veces también preguntamos: “¿Por qué no viniste antes?”. Gracias porque no reprendiste a Marta y María, y tampoco desprecias nuestras preguntas. Consuela a quienes viven enfermedad y dolor; conforme a Tu voluntad, dales sanidad y fuerzas. Tú dijiste: “Yo soy la resurrección y la vida”. Haz que, aun en nuestra tristeza, no seamos como quienes no tienen esperanza. En el nombre de Jesús, amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona escoge una acción de la lista para esta semana. Una sola es suficiente; no pasa nada si de momento no consigues elegir.

No hace falta registrar ni informar de lo que has escogido. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir conversando

Pueden escoger “Él volverá” (Juan 14:1-3; 5:25-29; 21:20-23) o “Él es el Hijo de Dios” (Juan 5:1-30).

Guía para quien dirige