Él es la luz del mundo · Grupos pequeños

Quién es Jesús, Lección 6. Leer Juan 9; 8:12. Cuando llegan la enfermedad o la desgracia, aparecen la culpa y los comentarios: “¿Habré hecho algo malo?”

Pasaje principal: Juan 9; 8:12

La enfermedad y la desgracia no siempre son consecuencia de que alguien haya hecho algo malo. Jesús no explica el sufrimiento humano como un “castigo merecido”; se acerca a quien sufre, le abre los ojos y vuelve a buscarlo después de que lo expulsan. Él es la luz del mundo. No tenemos que interpretar automáticamente el sufrimiento como castigo; podemos llevar ante él tanto nuestra dificultad como nuestro sentimiento de culpa.

Introducción

Cuando alguien de la familia enferma o sucede una desgracia inesperada, junto con la tristeza suele aparecer otra voz: “¿Habré hecho algo malo?”. A veces quienes nos rodean dicen: “Es el karma” o “¿Qué mal habrá hecho en una vida anterior?”. Los familiares comentan el asunto alrededor de la mesa, y en internet aparecen mensajes que dicen: “Seguro que él mismo...”. Una situación que ya era difícil se vuelve aún más pesada por la culpa y los comentarios ajenos.

En Juan 9, Jesús y sus discípulos vieron en el camino a un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos hicieron precisamente esa pregunta: “Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego?” (Juan 9:2). A su juicio, tras la enfermedad tenía que haber una deuda. Jesús respondió: “Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3).

Jesús no continuó buscando de quién era la culpa. Escupió en tierra, hizo lodo, lo puso sobre los ojos del ciego y le mandó lavarse en el estanque de Siloé. “Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo” (Juan 9:7).

Sin embargo, esta buena noticia desató una larga cadena de comentarios. Los vecinos no se ponían de acuerdo sobre si era realmente el mismo hombre (Juan 9:8-9). Los fariseos lo llamaron y lo interrogaron dos veces. Sus padres tenían miedo de que los expulsaran de la sinagoga y solo dijeron: “él tiene edad, preguntadle á él” (Juan 9:21-23). Finalmente, los fariseos lo insultaron: “En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos enseñas?”. Después lo echaron fuera (Juan 9:34). Al final, continuaron tratando su ceguera como prueba de pecado.

Pero aquel hombre veía cada vez con mayor claridad. Al principio solo dijo: “El hombre que se llama Jesús” (Juan 9:11); después, “Que es profeta” (Juan 9:17). Cuando lo presionaron, contestó: “una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25). Más tarde afirmó: “Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada” (Juan 9:33). Después de que lo echaran fuera, Jesús lo encontró y le preguntó: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”. El hombre respondió: “Creo, Señor” (Juan 9:35, 38).

Jesús había dicho: “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8:12). Mucho antes, Isaías había anunciado: “El pueblo que andaba en tinieblas vió gran luz” (Isaías 9:2). Cuando entró la luz, el ciego vio; en cambio, quienes decían “Vemos” quedaron ciegos (Juan 9:39-41).

La enfermedad y la desgracia no siempre se deben a que alguien haya hecho algo malo. La Biblia reconoce que el pecado trae consecuencias, pero este pasaje no nos permite explicar todo sufrimiento como un castigo merecido, y mucho menos utilizarlo para comentar la vida de quien sufre. Jesús tampoco explicó cada “por qué”. Se acercó al hombre, le abrió los ojos y, después de que lo expulsaran, volvió a buscarlo. Cuando sufrimos, no tenemos que interpretar automáticamente nuestra dificultad como castigo ni dejar que una culpa sin fundamento nos aplaste. Si de verdad existe alguna responsabilidad que debemos afrontar, también podemos discernirla sinceramente ante él. Podemos llevar nuestra dificultad a aquel que es la luz.

Notas de estudio

1. La pregunta de los discípulos reflejaba una idea muy extendida en aquella época. Los amigos de Job también pensaban que la enfermedad tenía que ser un castigo por el pecado. La Biblia no niega que el pecado pueda traer consecuencias, pero Juan 9 afirma claramente que la ceguera de este hombre no se debía a un pecado suyo ni de sus padres. No podemos invertir el razonamiento y deducir, a partir de la enfermedad ajena, qué pecado habrá cometido esa persona.

2. Juan 9:3 puede puntuarse de dos maneras. Normalmente se lee: “mas para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Algunos estudiosos, sin embargo, enlazan esta finalidad con 9:4 y leen: “Pero, para que se manifiesten las obras de Dios, debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día”. Esta interpretación académica existe, pero no hace falta presentarla como la única puntuación posible. De cualquier modo, el pasaje niega que la ceguera del hombre fuera culpa de algún pecado concreto suyo o de sus padres, y no nos autoriza a asignar causas a la enfermedad de otras personas.

3. El costo de ser expulsado de la sinagoga. Los judíos ya habían acordado expulsar de la sinagoga a quien confesara que Jesús era el Cristo (Juan 9:22). La sinagoga era un lugar importante tanto para el culto como para la vida pública. Quedar excluido suponía un costo religioso y social muy alto; eso era precisamente lo que temían sus padres. El pasaje no explica si equivalía a quedar completamente excluido de toda la sociedad.

4. El hombre veía cada vez con mayor claridad. “El hombre que se llama Jesús” (9:11) → “es profeta” (9:17) → “es de Dios” (9:33) → “Creo, Señor” (9:38). Sus ojos físicos se abrieron de una vez; los ojos de su corazón se fueron abriendo paso a paso.

5. “Yo soy la luz del mundo”. Esta es una de las declaraciones de Jesús que comienzan con “Yo soy” en el Evangelio de Juan (Juan 8:12; 9:5). Isaías anuncia que el siervo de Dios será “por luz de las gentes” y que abrirá “ojos de ciegos” (Isaías 42:6-7).

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Un recordatorio antes de empezar (quien dirige lo lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Hay una excepción: si hay daño que está ocurriendo, riesgo para un menor o una persona vulnerable, o peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otros, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Normalmente procurará hablar primero con la persona implicada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato, no se espera a obtener su consentimiento; según la situación, se contacta a un pastor, profesionales cualificados, la seguridad pública o policía local, los servicios de emergencia o los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, se pide ayuda en el momento y no se deja sola a la persona.

Para comenzar: Cuando de repente se corta la luz en casa, ¿qué buscas primero? (Una linterna, una vela, el móvil... Quien viene por primera vez también puede responder.)

Orientación para quien dirige: Basta con hablar de manera distendida. Esta pregunta hace surgir la experiencia de buscar luz en medio de la oscuridad.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no se prepararon)

Esta lección estudia Juan 9 y también Juan 8:12. Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento, y los discípulos preguntaron quién había pecado: el hombre o sus padres. Jesús respondió que ninguno de ellos, sino que las obras de Dios se manifestarían en él. Jesús hizo lodo, lo puso sobre sus ojos y le mandó lavarse en el estanque de Siloé; entonces el hombre pudo ver. Los vecinos comentaron el caso, los fariseos lo interrogaron dos veces y sus padres tuvieron miedo de que los expulsaran de la sinagoga. Él, en cambio, dijo: “una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Los fariseos lo echaron fuera, pero Jesús lo encontró, y él dijo: “Creo, Señor”. Jesús afirmó: “Yo soy la luz del mundo”. Hoy conversaremos sobre lo que este pasaje nos dice cuando, ante la enfermedad o la desgracia, nos preguntamos: “¿Habré hecho algo malo?”.

Observación

1. Lee 9:1-7. ¿Qué preguntaron los discípulos? ¿Cómo respondió Jesús y qué hizo después?

Orientación para quien dirige: Los discípulos preguntaron quién había pecado. Jesús respondió que ni el hombre ni sus padres, sino que las obras de Dios se manifestarían en él. Después hizo lodo, lo puso sobre sus ojos y le mandó lavarse. Jesús no se detuvo en la discusión: actuó.

2. Lee 9:11, 17, 25, 33 y 38. ¿Cómo fue hablando este hombre acerca de Jesús a lo largo del relato?

Orientación para quien dirige: “El hombre que se llama Jesús” → “es profeta” → “habiendo yo sido ciego, ahora veo” → “es de Dios” → “Creo, Señor”. Su comprensión se fue profundizando paso a paso.

3. Lee 9:18-23 y 34. ¿Cómo respondieron sus padres y los fariseos? ¿Qué temían o qué juicio trataban de defender?

Orientación para quien dirige: Sus padres tenían miedo de que los expulsaran de la sinagoga y no se atrevieron a decir mucho. Los fariseos se aferraron a su propio juicio; al final lo acusaron de haber nacido enteramente en pecado y lo echaron fuera. Una buena noticia se convirtió en un interrogatorio por el miedo y los prejuicios de las personas.

Interpretación

4. Los discípulos preguntaron: “¿Quién pecó?”. ¿Cómo respondió Jesús? ¿Qué cambia esto en nuestra manera de ver la enfermedad y la desgracia?

Orientación para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle bastante tiempo. Jesús no permite explicar toda enfermedad como un castigo merecido. Tampoco expone todas las causas, sino que dirige la atención hacia lo que Dios hará allí. Puedes preguntar: ¿qué comentarios sobre el “karma” o el “castigo” solemos oír a nuestro alrededor? ¿Qué producen en la persona que sufre?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Lee 9:39-41. ¿Quién es verdaderamente ciego? ¿Por qué decir “Vemos” se convierte en un problema?

Orientación para quien dirige: A quien reconoce que no ve se le pueden abrir los ojos; quien piensa que ya lo ve todo no puede escuchar otra cosa. No conviertas la pregunta en una crítica contra otras personas; empieza por uno mismo.

6. Lee 8:12 y 9:5. Jesús dice que es la luz del mundo. ¿Qué significa que quien lo sigue “no andará en tinieblas”? ¿Significa que quien cree ya no vivirá días oscuros?

Orientación para quien dirige: En el Evangelio de Juan, las “tinieblas” se refieren ante todo a no conocer a Dios y a vivir bajo el pecado y la muerte. Quien sigue a Jesús ya no permanece allí, sino que recibe la luz de la vida. Esta frase no promete que quien cree dejará de experimentar enfermedad o rechazo en esta vida. Aquel hombre fue expulsado incluso después de creer.

Aplicación

7. Cuando tú o alguien cercano ha vivido una enfermedad o desgracia, ¿sentiste culpa pensando “¿Habré hecho algo malo?”, o recibiste comentarios así? No hace falta contar detalles. ¿Qué te dice este pasaje?

Orientación para quien dirige: Se puede responder simplemente “sí” o expresar en una o dos frases cómo se siente la persona. Agradece a quien lo comparta; no pidas detalles ni des explicaciones. Si alguien habla de algo muy doloroso, acompáñalo en privado después de la reunión.

8. ¿Cómo podemos acompañar a una persona que sufre sin añadir sobre su herida la idea de que recibe un “castigo”? ¿En quién piensas esta semana?

Orientación para quien dirige: Estar a su lado, escuchar y ayudar en algo concreto sirve mucho más que explicar las causas. Después de que echaran fuera a aquel hombre, Jesús lo encontró (9:35). Nosotros también podemos ser quienes tomen la iniciativa de buscar a la persona.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a una persona del grupo que lea despacio Juan 8:12 y 9:35-38. Después guarden juntos un minuto de silencio. Quienes lo deseen pueden orar en una o dos frases: por la culpa que llevan dentro, por quienes sufren enfermedad o desgracia, o para que dejemos de comentar el dolor ajeno como un “castigo”. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. La persona que viene por primera vez puede escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni declarar una postura. Al final, quien dirige cierra dando gracias e intercediendo por las personas del grupo. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat. Para el seguimiento ordinario, se obtiene primero el consentimiento de la persona y después se anota en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en riesgo un menor o alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otros, no se espera el consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, la seguridad pública o policía, o a las instituciones de protección adecuadas.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor Jesús, Tú eres la luz del mundo. Cuando vivimos una enfermedad o una desgracia, muchas veces comenzamos por culparnos y también escuchamos los comentarios de otras personas. Gracias porque no miraste al hombre ciego de nacimiento como si recibiera un “castigo”; le abriste los ojos y volviste a buscarlo después de que lo echaran fuera. Ilumina las tinieblas de nuestro corazón y libéranos de una culpa sin fundamento. Cuida también a quienes sufren enfermedad o desgracia, para que aun en días oscuros puedan verte. Haz de nosotros personas que los busquen y permanezcan a su lado. En el nombre de Jesús, amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona escoge una acción de la lista para esta semana. Una sola es suficiente; no pasa nada si de momento no consigues elegir.

No hace falta registrar ni informar de lo que has escogido. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir conversando

Pueden escoger “Él es el Hijo de Dios” (Juan 5:1-30) o “En él están la resurrección y la vida” (Juan 11).

Guía para quien dirige