Quién es Jesús, Lección 1. Leer Juan 1:1-18. Dios parece lejano e invisible; la fe parece un conjunto de ideas abstractas
Pasaje principal: Juan 1:1-18
El Dios invisible se nos ha dado a conocer en Jesús. Dios no se quedó lejos ni nos dejó tan solo un conjunto de enseñanzas; vino en persona a vivir entre nosotros, y podemos conocerlo y recibirlo.
Muchos chinos llevan en el corazón la idea de un “Señor del Cielo” (Lao Tianye). Cuando sucede una injusticia, dicen: “El cielo lo sabe”; cuando sobreviven a una gran desgracia, dicen: “El cielo me protegió”. Pero nadie sabe explicar con claridad quién es ese cielo, cómo es ni si se interesa por nosotros. Confucio dijo: “¿Qué dice jamás el Cielo? Sin embargo, las cuatro estaciones siguen su curso y todas las cosas nacen”. El cielo no necesita hablar: las estaciones siguen pasando y todo continúa creciendo. Así lo imaginan muchas personas: ven su orden, pero no lo oyen hablar y mucho menos saben si las conoce. El cielo está muy alto, lejos de nosotros.
Esa sensación de distancia no desaparece necesariamente cuando creemos en el Señor. Orar puede sentirse como hablar al aire; leer la Biblia, como estudiar un conjunto de grandes verdades que son correctas pero en las que no encontramos a nadie. Algunas personas reconocen con sinceridad: “Creo en Dios, pero siento que no lo conozco”.
El comienzo del Evangelio de Juan aborda precisamente esta cuestión: “EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). La frase retoma deliberadamente la primera oración de la Biblia: “EN el principio crió Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Aquí podemos entender “el Verbo” como la “palabra” de Dios. En Génesis, Dios habla: “Sea la luz”, y la luz aparece (Génesis 1:3). Los Salmos también dicen: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos” (Salmos 33:6). Juan afirma que este Verbo estaba con Dios desde el principio, que él mismo era Dios y que “Todas las cosas por él fueron hechas” (Juan 1:3). El cielo no ha permanecido en silencio: Dios siempre ha hablado.
La Versión Unión China eligió el conocido término chino Dao para traducir “el Verbo”. Laozi dijo: “El Dao que puede expresarse no es el Dao permanente”. Suele entenderse que aquello que puede decirse y nombrarse no es el Dao eterno. El Verbo de Juan no es el mismo concepto que el Dao de Laozi; solo se ha usado la misma palabra china. El Verbo del que habla Juan tiene nombre, y Juan dice: “Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).
Se trata de algo muy concreto. Este Verbo tenía cuerpo, un pueblo y un oficio. Sus vecinos preguntaron: “¿No es éste el carpintero…?” (Marcos 6:3). Se cansó de caminar y se sentó junto al pozo (Juan 4:6); cuando murió su amigo, “Y lloró Jesús” (Juan 11:35). El verbo traducido “habitó entre nosotros” significa literalmente plantar una tienda y vivir allí. Recuerda el tiempo de Israel en el desierto, cuando “la gloria de Jehová hinchió el tabernáculo” (Éxodo 40:34). Dios no se limitó a enviarnos un conjunto de enseñanzas; vino él mismo.
Por eso Juan escribe: “A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró” (Juan 1:18). Si queremos saber cómo es Dios, debemos mirar a Jesús. Más adelante Felipe pidió a Jesús que les mostrara al Padre, y Jesús respondió: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Hebreos dice que antiguamente Dios habló por medio de los profetas, pero “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”; este Hijo es “el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia” (Hebreos 1:2-3).
Juan también escribe con franqueza: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Dios se acercó, pero las personas podían negarse a recibirlo. Inmediatamente después viene una invitación: “Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre” (Juan 1:12). Recibir a una persona no es lo mismo que aceptar un conjunto de ideas. Podemos terminar de leer una idea y dejarla a un lado; a una persona hay que conocerla, tratarla y aprender a confiar en ella.
La distancia entre Dios y nosotros no se acorta porque subamos paso a paso hasta él. Él vino primero hasta nosotros. Podemos comenzar a conocer a Dios leyendo las historias de Jesús, escuchando sus palabras y observando cómo trata a las personas. En Jesús podemos ver al Dios invisible.
1. “En el principio” retoma la primera frase de la Biblia. El Evangelio de Juan y Génesis comienzan con la misma expresión en la traducción griega del Antiguo Testamento: ἐν ἀρχῇ (en archē), “en el principio”. Juan comienza a hablar de Jesús antes de la creación.
2. Aquí “el Verbo” puede entenderse como “la palabra”. El término original λόγος (logos) puede referirse a una palabra, un mensaje o una razón, entre otras cosas. Juan no se detiene a definirlo. Uno de los trasfondos más directos es el Antiguo Testamento, donde Dios crea por medio de su palabra (Génesis 1:3; Salmos 33:6). También hay quienes lo leen a la luz de su uso en la filosofía griega de la época; puede tenerse en cuenta, pero no es necesario convertirlo en un debate dentro del grupo.
3. “Habitó entre nosotros”. El verbo original σκηνόω (skēnoō) significa plantar una tienda y establecer allí la morada. Juan añade enseguida que “vimos su gloria”, lo cual recuerda la gloria de Jehová que llenó el tabernáculo en el desierto (Éxodo 40:34): Dios habita en medio de su pueblo.
4. “Él le declaró”. El verbo traducido “declaró” en 1:18, ἐξηγέομαι (exēgeomai), puede significar explicar o dar a conocer. El Dios invisible ha sido dado a conocer por aquel que está en el seno del Padre.
5. Juan 1:1 afirma dos cosas a la vez. “El Verbo era con Dios”: el Verbo y Dios son distintos; “el Verbo era Dios”: el Verbo es Dios. Juan coloca ambas afirmaciones juntas sin detenerse a explicarlas. Más adelante, la iglesia empleó la palabra “Trinidad” para resumir estas enseñanzas de la Escritura: hay un solo Dios; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son este único Dios y, a la vez, son distintos entre sí.
Para comenzar: Cuando eras pequeño, ¿cómo imaginabas al “Señor del Cielo”? ¿Y ahora? (Quien viene por primera vez también puede responder: si Dios existe, ¿crees que está cerca de nosotros o lejos?)
Orientación para quien dirige: Bastan una o dos frases, sin juzgar si la respuesta es correcta o incorrecta. Esta pregunta hace surgir de manera natural la sensación de que Dios está lejos.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no se prepararon)
Esta lección estudia Juan 1:1-18. Juan comienza diciendo que en el principio era el Verbo, que el Verbo era con Dios y que el Verbo era Dios; todas las cosas fueron hechas por él, y en él estaban la vida y la luz. Juan el Bautista vino para dar testimonio de esa luz. La luz verdadera vino al mundo, pero el mundo no la conoció y los suyos no la recibieron; a quienes la recibieron y creyeron en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Después Juan dice que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad. Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, lo dio a conocer. Hoy conversaremos sobre lo que este pasaje nos dice cuando Dios parece estar lejos.
1. Lee 1:1-5. ¿Qué dicen estos versículos acerca de quién es “el Verbo”, de su relación con Dios y de lo que hizo?
Orientación para quien dirige: Existía en el principio; estaba con Dios; era Dios; todas las cosas fueron hechas por él; en él estaba la vida; esta vida era la luz de las personas; la luz resplandece en las tinieblas. Busquen cada elemento en el texto antes de intentar explicarlo.
2. Lee 1:9-13. ¿De qué maneras respondieron las personas cuando la luz verdadera vino al mundo? ¿Qué recibieron quienes la aceptaron?
Orientación para quien dirige: El mundo no lo conoció (versículo 10); los suyos no lo recibieron (versículo 11); quienes lo recibieron y creyeron en su nombre obtuvieron la potestad de ser hechos hijos de Dios (versículo 12). Nacieron de Dios, no de sangre, de voluntad de carne ni de voluntad de varón (versículo 13).
3. Lee 1:14-18. Juan dice: “Vimos”. ¿Qué expresiones de este pasaje hablan de algo que se puede ver?
Orientación para quien dirige: El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; vimos su gloria; la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo; el unigénito Hijo declaró a Dios. Juan es un testigo que escribe lo que vio con sus propios ojos.
4. Lee 1:18 y después Hebreos 1:1-3 y Colosenses 1:15. Si “A Dios nadie le vió jamás”, ¿cómo podemos conocerlo? Si queremos saber cómo es Dios, ¿hacia dónde debemos mirar?
Orientación para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle bastante tiempo. Antiguamente Dios habló muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas; en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo. El amado Hijo es “la imagen del Dios invisible”. Puedes añadir: ¿de dónde procede la imagen de Dios que tenemos en la mente? ¿Se parece a Jesús?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) El Verbo se hizo carne: Jesús tenía un pueblo y un oficio, se cansaba y también lloraba (Marcos 6:3; Juan 4:6; 11:35). ¿En qué se diferencia esto de sentir que “Dios está muy lejos de mí”?
Orientación para quien dirige: Dios no se limitó a dar órdenes desde lo alto; entró personalmente en la vida humana. No lo reduzcas a decir que “Jesús era solamente una buena persona muy cercana”. Juan también afirma que él es Dios y que todas las cosas fueron hechas por él.
6. Juan 1:12 habla de “recibirlo” y “creer en su nombre”. ¿En qué se diferencia recibir a una persona de aceptar un conjunto de ideas?
Orientación para quien dirige: Podemos terminar de leer una idea y dejarla a un lado; a una persona hay que conocerla, tratarla y aprender a confiar en ella. Quien viene por primera vez puede limitarse a escuchar; si quiere, también puede contar qué impresión le produce la palabra “creer”.
7. ¿Cuándo sientes que Dios está más lejos? ¿Qué dice este pasaje para esos momentos?
Orientación para quien dirige: Cada persona puede responder en una o dos frases, sin necesidad de contar detalles. Vuelvan a 1:14 y 1:18: Dios ya se ha acercado y podemos comenzar a conocerlo conociendo a Jesús. No respondas a quien expresa esa distancia diciendo: “Tienes que tener más fe”.
8. ¿Cómo quieres “mirar a Jesús” esta semana para conocer a Dios?
Orientación para quien dirige: Anima a dar un paso muy pequeño, por ejemplo, leer cada día un breve pasaje de un Evangelio y preguntar después: “¿Qué me muestra este pasaje acerca de cómo es Dios?”. La oración y la lista de acciones que siguen pueden partir de esta respuesta.
Pide a una persona del grupo que lea despacio Juan 1:14 y 1:18. Después guarden juntos un minuto de silencio. Quienes lo deseen pueden hablar con Dios en una o dos frases: pueden agradecerle que viniera personalmente a vivir entre nosotros o decirle con sinceridad que lo sienten lejos. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. La persona que viene por primera vez puede escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni declarar una postura. Al final, quien dirige cierra dando gracias e intercediendo por las personas del grupo. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat. Si hace falta un seguimiento, quien dirige primero obtiene el consentimiento de la persona y anota en privado solo una o dos frases necesarias.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Padre celestial, nadie te ha visto jamás, pero Tú no te quedaste lejos. Gracias por enviar a Tu Hijo; el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros para que pudiéramos conocerte en él. Muchas veces sentimos que estás lejos, que orar es como hablar al aire y leer la Biblia es solo estudiar enseñanzas. Abre nuestros ojos para que veamos Tu gracia y Tu verdad en Jesús, y ayúdanos a recibirlo y conocerlo. En el nombre de Jesús, amén.
Después de orar, cada persona escoge una acción de la lista para esta semana. Una sola es suficiente; no pasa nada si de momento no consigues elegir.
No hace falta registrar ni informar de lo que has escogido. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger “Él es el Hijo de Dios” (Juan 5:1-30) o “Él sabe todo acerca de nosotros” (Juan 4:1-42).